Casi listos para ti

Mi pequeño champiñón silvestre! Papá está en casa, feliz de apachurrar la panza de mamá y de saber que tiene una hija tan obediente! Tan considerada con papá! Estoy tan contento de haber llegado a casa y que me hayas esperado pequeña nariz de tulipán holandés. No sabes lo preocupado y angustiado que estuve durante todo el fin de semana. Pero lo logramos, bebé, lo logramos.

Papá viajó a Miami el día viernes a mediodía con el tío Fernando. Tuve la suerte de hacerlo acompañado, así que no me aburrí mucho durante el vuelo. Llegamos al aeropuerto como 5 horas antes, y nos pusimos a trabajar hasta que tuvimos que abordar, para no dejar muchos pendientes al aire a nivel de trabajo. El avión salió a tiempo y papá, con sus dos maletas (y un carry-on dentro de una de ellas) llegó a casa de tía Monika en Miami sin mayores problemas.

El siguiente reto fue abrir todas las cajas con tus cosas que ya estaban acumuladas su casa. Revisar que haya llegado todo, y que todo haya llegado bien. Tuvimos suerte y el 99% de las cosas estaba ahí, así que luego de deshacernos de tanta caja, empecé a empacar la mayoría de las cosas para revisar cuanto espacio quedaría para algunas compras eventuales.

El siguiente paso fue precisamente salir de compras para buscar esas cositas lindas que no suelen conseguirse en Lima, sólo para asegurarnos que tengas alguna que otra cosita para toda ocasión. Demás está decir que ya tienes disfraz de Halloween, gorrito de navidad y demás tonterías que se le antojaron a papá y que ya verás poco a poco. Te juro que no tenía idea de lo divertido que sería pasar horas entre ropa de bebé. Es lo máximo! Me he muerto de risa solito en mitad de todas las tiendas a las que he entrado imaginándote con cada modelito. La verdad es que esto de la paternidad es un gran juego de muñecas. (Al menos por ahora!).

Finalmente pude empacar todo, pesar cada maleta para poder distribuir bien las cosas, y dedicarme a pensar en algún regalito secreto para mamá, ya que en unos días es nuestro aniversario, y aunque últimamente me haya dedicado a engreír a su panza, pues también me toca engreírla a toda ella. Después de todo es tu mami, y se lo merece sólo por serlo!

El viaje de regreso fue una pequeña pesadilla. Las 2 cajas, 2 maletas, carry-on, messenger bag y mochila no entraban en el auto de tu tía Monika, así que tuve que ir al aeropuerto en una camioneta. Precisamente por el gran volumen de cosas, Papá se moría de miedo de que no le permitan subir tantos bultos al avión, ya que si bien era consciente de que pagaría sobrepeso, cuando se trata de un exceso de bultos, a veces te limitan en base a la disponibilidad del avión. Por esta razón, papá decidió ser el primero en embarcar las maletas.

Llegué al aeropuerto 5 horas antes del vuelo, y tuve mucha suerte pues normalmente no permiten que nadie registre equipaje con tanta anticipación. Sin embargo un buen caballero de LAN me dió el visto bueno, y ante la sorpresa de varios otros empleados de la aerolínea, pude pasar y registrar el equipaje. La amable señorita del counter me miró sospechosamente mientras subía cada uno de los bultos a la balanza, y tras preguntarme sobre si era consciente que pagaría sobrepeso, me preguntó sobre la carga que llevaba. Le conté que era todo para ti, para Valentina. Sonrió tanto, que aproveché para contarle todo sobre ti. Y fue tan amable, que sólo me cobró el 50% de lo que hubiera costado un bulto extra. ¡Fue genial! Con tanta suerte ahí, papá pasó al gate, donde aprovechó para comprarle un par de revistas a mamá, y esperó su vuelo tranquilote.

Llegar a Lima no fue tan sencillo como salir de Miami. El hecho de haber sido el primero en registrar el equipaje hizo que fuera prácticamente el último en recoger las maletas. Y si bien podía maniobrar bien tantos bultos en Miami, gracias a unos coches especiales, en Lima no tuve esa suerte. Los coches para maletas no me hicieron la vida muy sencilla, pero con algo de esfuerzo pude acercarme a la cola de Aduanas para presionar el bendito botón y ver si podía pasar libremente o pasaría una inspección. Tomando en cuenta que traía bastante equipaje extra, y que el mismo se encontraba lleno de cosas nuevas, la verdad es que sudé frío por un momento. Para mi mala suerte, me tocó la luz roja, y tuve que explicarles a los madrugadores amigos de Aduanas lo importante que eras para mi, como para viajar a traer tanto cachivache. Felizmente lo comprendieron y no le hicieron a papá pasar por más problemas que abrir y cerrar cada una de las maletas y cajas. Con esto hecho, pude salir y embarcarme en la camioneta de Taxi  que mamá había coordinado para mi.

Tras huir del tráfico de mañana, papá llegó sano, salvo y agotado a las 6:40am a casa. Subí las cajas, me di un duchazo y esperé a mamá quien llegó a apachurrarme a las 7 en punto. No sabes lo rico que fue poder apachurrar a mamá, apachurrar su panza y saber que todo había pasado, que todo había valido la pena y que ya estaba en casa, donde tenía que estar, abrazando a mis dos chicas.

Al fin en casa pude empezar a desarmar las cajas, armar el coche (fue una pequeña locura al principio, pero luego le agarramos el truco), darle a mamá un regalito, y poder asegurarme que todo llegó bien. De paso mostrarle a mami el cerro de ropa que tienes, para que puedan organizarla, lavarla y empezar a guardarla como corresponde. Y es que como me decían en Miami: “Si  Valentina se parece a su mami, pues no llegará al mundo hasta que tenga algo que ponerse!”. Y tenían razón.

Hoy, ya más descansado llegué a casa luego de haber ido a la oficina y me encontré con esta imagen en la lavandería:

Te das cuenta que ya, ahoras sí… sólo nos queda esperarte? Literalmente ya no podemos hacer más que sentarnos, y mirar la panza de mamá. Tomados de la mano, esperando que decidas llegar. Pero hazlo con calma, pequeño conejito volador, hazlo despacio. Hazlo cuando quieras. Papá y mamá están aquí. Esperándote. Como lo venimos haciendo desde hace ya 38 semanas y media.

Love you, enana saltarina.

Papá.