21 días para cambiar el mundo: Día 1. Tienes más de lo que necesitas.

Valentina Sonríe

Esta es mi carta número 100 a ti, princesa, y por ti quise empezar esta serie de 21 actos para cambiar el mundo. La idea partió de una acción creativa que desarrolló Nicko Nogués llamado “Humanity: 21 días de bondad” en la que emulando un programa de training físico llamado Insanity, él proponía 21 días consecutivos llenos de acciones de bondad. Quienes estén interesados pueden echarle un ojo al plan completo aquí.

Así, inspirado en los 21 actos de bondad de Nicko, se me ocurrió que nosotros como familia debíamos iniciar 21 actos para cambiar el mundo, partiendo por nosotros como familia. Porque nosotros somos nuestro mundo, y si cambiamos nosotros, quizás seremos capaces de cambiar el mundo que nos rodea.

De esta forma, me puse a pensar en la mejor manera de empezar. Y mientras daba vueltas por nuestro departamento, me puse a pensar en todo lo que nos rodeaba. Lo lindo, lo no tan lindo, lo que ya no encuentra espacio, lo viejo. Me puse a ordenar la cocina, el comedor, la sala, nuestro dormitorio… A poner las cosas en su lugar.Cocina ordenadaSe me ocurrió poner todo en orden, limpiar las cosas en la cocina y poner finalmente nuestras especias en los distintos frasquitos de vidrio que tenemos, que las conservan mucho mejor y más frescas (recuerda, #escogevidrio), y mientras me ponía manos a la obra, y en muchos casos tiraba a la basura muchas cosas de la despensa que ya se habían vencido, me sentí mal. Pomos de vidrio

 

Me sentí mal, porque había llegado a evidenciar que compramos más de lo que consumimos. Incluso si compramos para abastecer nuestra despensa. No hemos logrado un balance entre compras y consumo, y dejamos que muchas cosas se vuelvan inservibles para el consumo humano. Y eso me chocó. Porque fueron a parar a la basura, y ni siquiera tuvimos el tino de donarlas o regalárlas a alguien que pudises beneficiarse de ellas. Y simplemente ya no era posible. Me pregunte, ¿qué otras cosas de nuestro hogar estaban siendo desperdiciadas?

Con eso en mente, ingresé a mi armario, y me puse a revisar una por una cada una de las prendas que se encontraban ahí guardadas. Esos eternos polos que no uso desde hace 5 años. Ese buzo del colegio que guardo con nostalgia. Esa camisa que alguna vez me regalaron y jamás usé, ni usaré. Ropa que se encontraba ahí, “venciéndose”. Y recordé algo que hizo mamá el año pasado, cuando participó en un evento llamado “De trapos corazón” donde limpió toda su ropa y se quedó sólo con lo que ella usaba realmente, donando todo lo demás a una buena causa. Y me pareció sensato. Sensible. Urgente.

Así que me puse manos a la obra, y me dediqué por varias horas a revisar cada cosa, y editar el armario, tratando de ser lo más honesto conmigo posible: Si no he usado algo en el último año, es momento de donarlo.

Fui llenando mi cama de ropa y consecuentemente, vaciando mi ropero. En el piso yacían decenas de colgadores de plástico como recordatorios inertes y tóxicos de nuestra necesidad de acumular y acumular. De la inercia del consumo.

ColgadoresA medida que iba siendo más y más honesto conmigo mismo, sentía que me liberaba mi corazón de capas de peso acumulado. Me sentía cada vez más ligero. Decidí no dejar de evaluar ni una de todas las prendas que poseo. Desde la más nueva zapatilla hasta el último calcetín.

Pasé por los ternos que adquirí en mi época corporativa, los cuales ya ni me quedan al haber bajado 22 kilos de peso. Por jeans de todas las tallas y tipos. Por zapatillas que dejé de lado porque me encamoté con unas nuevas. Recorrí cada una de las corbatas, las bonitas, las feas, y lamenté conservar un número inaudito de correas de todo formato para pantalones que nunca usé.

Finalmente y tras unas horas de dedicación, mi clóset se redujo a sólo lo que uso de forma frecuente. Es decir, al menos 1 vez al mes. Incluido un nuevo terno, que me queda bien. Todo lo demás, al carro a ser donado.

Ropa a donar Ropa a donar Cosas a donar Camioneta llena de donaciones

Tienes más de lo que necesitas, princesa. Créelo. En casa, somos muy afortunados. Mamá trabaja duro, y papá se saca el ancho también. Así, tienes todo lo que necesitas, y más. Además, tienes el cariño de toda tu familia, que está lista para prodigarte amor y satisfacer cualquier necesidad o capricho tuyo. Y eso está bien. Eso es normal. Hasta cierto punto, claro está.

Crecerás, si Dios quiere, con el pleno conocimiento de que todo lo que tienes, costó. Que las cosas no se compran con dinero. Se compran con esfuerzo y tiempo. Que cada centavo, tiene un valor real en horas de dedicación. Que un jean, costó algunos días de trabajo. Que una nueva bici, más días de trabajo. Que nada es regalado. Todo tiene un precio.

Y crecerás también sabiendo que no todo el mundo tiene la suerte de que su tiempo y su dedicación sea recompensada del mismo modo. Algunos, mueren por dedicar su tiempo y esfuerzo por dinero, y no consiguen ese trabajo. Otros, fueron llevados por caminos de la vida en la que las oportunidades son cada vez menores.

Sin embargo, es nuestro deber no vivir en una burbuja, y ser conscientes de que el mundo que nos rodea es nuestro. Y que es nuestra responsabilidad tratar de hacer de él un mejor lugar. Esto significa ayudar al prójimo cuando podamos. Porque la pregunta nunca será, ¿por qué ayudar?. La pregunta siempre será ¿Por qué NO ayudar? ¿Por qué NO dar una mano? Nos tomará algunas horas intentar esta limpieza de todo aquello que acumulamos y no nos sirve. Y terminaremos cansados por fuera, pero felices por dentro. Te lo aseguro. Lo sé de primera mano.

Agotado

Empecemos a cambiar el mundo, princesa, cambiando un poco nosotros. Aprendamos de nuestros errores, identifiquemos las oportunidades, y logremos ser la familia que queremos ser. No hacen falta actos enormes. Basta con cambiar un poco nosotros.

Te amo. Soy un papá orgulloso y feliz, y si así empezamos las primeras 100 cartas, espero que cuando lleguemos a las 200, seamos mejores personas, mejores papás, y tú seas todo lo que puedas llegar a ser.

Papá. Valentina Tobogán

 

P.D: Gracias a todos los amigos por sus brillantes ideas de a dónde donar todo lo que recogimos de casa! La camioneta está llena y ya tiene destino. Mil gracias!