Detrás de las 40 semanas

Hola hermosa. El día que naciste, de madrugada corrí a la cámara y filmé parte de este video. Como todo en las 40 semanas que duró tu llegada, fue hecho pensando en ti. No, no soy un editor profesional, ni espero que sea una obra maestra. Pero espero que veas, un poquito jugando con las fotos, lo felices que han sido tus papás mientras planificaban tu llegada.

Porque verás la pancita de mamá, el pintado de tu cuarto, tu babyshower, el viaje de papá, la compra de tus aretitos, todos esos momentos que han sido tan simbólicos para nosotros, pero sobre todo, verás el inmenso amor que te tenemos, y lo afortunados que sabemos que somos de poder haber preparado tu llegada de esta manera.

Son momentos muy simbólicos porque mamá y papá luchan, luchan todos los días por poder vivir juntos en un mundo difícil y competitivo. Y desde que planificamos que vendrías al mundo, luchamos por ti y para ti. Luchamos porque tengas una casa linda, una cuna linda (en este caso regalo de tus abuelos), y lucharemos porque tengas un colegio que te guste, que tengas un doctor que te atienda bien, que tengas la mejor vida posible. Porque tú y mamá son el amor de mi vida. Y mi amor está en esa lucha.

La canción de fondo, que me gusta mucho, se llama Welcome Home, de The Radical Face. Y la escogí porque mi amor, lo único que quisimos hacer desde que te soñamos por primera vez fue darte la bienvenida a casa.

Bienvenida nuevamente, princesa.

Papá.

Tu llegada a nuestro mundo

Mi pequeña hija, eres hoy una cosita tan pequeña y adorable, que dudo que por mucho tiempo entiendas lo que puedo estar sintiendo en este momento. Tengo que confesarte esto: es cierto. Es cierto que uno no sabe qué es lo que es el amor de padre, hasta que se tiene un hijo. Y tienes que saber que yo te amé con locura desde que supe que vendrías al mundo, pero que hoy que estás en él, y que cabes en mis brazos, ese amor ya no tiene medida, ni límite.

El día 14 de setiembre del 2012, viernes, a las 3:30 de la madrugada mamá se despertó. Notó que su osito de peluche no estaba a su lado, y al verlo en el suelo al lado de su cama, se estiró y agachó para tomarlo con una mano. Al moverse, notó algo húmedo y corrió al baño. Confundida, retornó a la cama pocos minutos después, y tras intentar conciliar el sueño nuevamente pensando que sería un error, sintió que cierto líquido se escapaba fuera de control. Llegó al baño lo más pronto que pudo y me llamó. Su sola voz, calmada y sin muestras de temor o pánico, hizo que yo despertara al primer intento. Me puse de pie, y la acompañé a la cama. Media hora después, tras hacer que mami se ponga de pie, confirmamos que su fuente se había roto. Eran las 4:30 am.

Aquí un tip para las madres: Si no saben reconocer si es que se les “escapó” algo en ese momento, recostarse por un tiempo de entre 20 y 30 minutos, para incorporarse y caminar puede ayudar a resolver el misterio. En caso de un “escape”, el mismo se dará tanto al estar recostada como de pie, sin embargo cuando se trata de la ruptura de la fuente, en muchos casos el estar recostada permite que el líquido se aloje por un momento, cayendo por acción de la gravedad tras ponerse de pie.

Nos miramos a los ojos emocionados, sabiendo que el gran momento había llegado. Acompañé a mamá a la ducha, y nos alistamos para salir, luego de haber llamado a nuestra doctora y confirmar que podíamos presentarnos sin problemas en la clínica. Salimos de casa aproximadamente a las 5:30 am.

El haberte esperado tanto hizo que la salida de casa fuera tranquila y calmada, ya que tus maletines estaban preparados en el carro, cosa que facilitó organizarnos mentalmente para no olvidar nada: DNIs, llaves, algo de efectivo, etc. y llamar a tu abuela Alice y a tu abuela Zoila, quienes por decisión nuestra se encargarían de comunicar tu llegada, para  no tener que cargar nosotros con el trabajo de llamar a mucha gente, especialmente en una situación que de por si es un tensa.

Llegamos a la clínica e ingresamos por Emergencias, ya que a esa hora el ingreso regular se encuentra cerrado. Revisaron a mamá, te revisaron a ti vía un monitor fetal y corroboraron que el trabajo de parto había empezado. Era hora de admitir a mami, y de llevarla a la sala de dilatación. Mientras tanto Papá podía subir tus cosas y organizar todo en la habitación: La 506.

Tras subir los maletines y hacer el papeleo correspondiente alcancé a mami en la sala de dilatación, donde nos encontramos por algunas horas, y donde tu doctora nos dió el encuentro para poder revisar a mami y monitorear que todo progresaba adecuadamente. Alrededor del mediodía, la doctora determinó que mami no había dilatado lo suficiente a pesar de sus constantes contracciones, y que dada la cantidad de tiempo entre la ruptura de la fuente y la velocidad de dilatación, la mejor alternativa para evitar tanto tu sufrimiento como el de mami era proceder con una cesárea. Alistaron la sala de operación y entramos, no sin temor ni emociones encontradas. A esta hora, ya gran parte de nuestra familia se encontraba reunida en la clínica, tanto velando por mamá, como esperándote con ansias.

Para ingresar a la sala de operaciones, papi tuvo que cambiarse de ropa, lavarse y esperar a ser llamado apenas mami esté lista y preparada. Llegado el momento una enfermera se acercó al vestidor y me hizo pasar. Mami se encontraba despierta, rodeada de médicos y me esperaba. Quiero pensar que verme la relajó, pues pudo sonreír, y a pesar de que sus enormes ojos delataban temor, su valentía podía más, y me hablaba despacito. Le dije que la amaba, y que todo iba a salir bien. Acaricié su cabello, mientras observaba el frenesí de la escena que se desenvolvía ante mis ojos, detrás de la cortina que separaba el pecho de mami del resto de su cuerpo, cubriendo su visión de la situación.

Así te vi salir, rescatada del cuerpo de tu madre por la doctora y trasladada inmediatamente a una mesa contigua a la de mamá, donde un grupo de médicos y enfermeras te limpió, midió, pesó, observó y analizó. Me detuve en el espacio entre esa mesa y la mesa de mamá, indeciso sobre hacia donde desviar mi atención: hacia mi esposa, adorada, que nerviosa intentaba mirar y saber qué es lo que estaba pasando, o hacia mi hija, ese cuerpito que rápidamente iba cambiando de color. Hacia esa bebé que era mía, que era nombre y sueño, y ahora forma. Mamá me miró con cariño, y tras voltear hacia ti, tu increíble llanto me arrancó del ensueño. Ese grito de arribo, indicando tu llegada triunfal a este mundo no pudo tomarse de ninguna otra forma. Ya llegaste. Ya estás aquí. Y lo gritaste. Y en mi alma sonó más fuerte de lo que sonaría un estadio gritando el gol de la clasificación a un mundial. Más que el gol del campeonato! Eran las 2:22 pm.

Te acercaron a mamá, quien no podía mover brazos para abrazarte, y te abrazaba con los ojos, besándote la frente. No podíamos creer que habías llegado. Que ya estabas con nosotros. ¡Al fin! ¡Al fin! ¿Y ahora?

Las enfermeras te cargaron y me pidieron que las siga, mientras salíamos de la sala de operaciones. No tuve tiempo de despedirme de mamá, mientras nuevamente desesperado no sabía si quedarme a su lado o perseguir tu pequeño cuerpo envuelto en telas blancas. Mamá me miró nuevamente, y me dejó ir con la mirada. Salí rápidamente detrás de ti, pero me pidieron que me cambie nuevamente, por lo que para mi angustia, te perdí el rastro. “Estará en el 5to piso, en Neonatología. Suba después de cambiarse.” me dijeron, antes de llevarte. Me cambié lo más rápidamente que pude para subir por las escaleras a buscarte. En el camino me topé con toda nuestra familia, que parecía haber tomado por asalto la clínica. Todas preguntaban cómo eras, qué tal había salido todo, o si había tomado fotos. En mi desesperación traté de subir por el ascensor, pero descubrí que sería más fácil tomar las escaleras. Corrí hasta el 5to piso, donde finalmente me abrieron una puerta y te encontré.

Te encontré y nos miramos fijamente, a los ojos por primera vez. Nos reconocimos, y en ese instante me di cuenta que el corazón me había crecido. Al menos duplicado. Esa carita tuya tan especial, tan de tu madre como mía, me devolvía la mirada con determinación y en silencio. Sin soltar un solo llanto. En absoluta y total calma y complicidad. Estabas bien, e ibas a estar mejor cada día.

Salí de Neonatología con el corazón brincando en mi pecho, y con la única preocupación de saber cómo estaba tu mami. Mamá es el amor de mi vida, y tienes que saber que abandonarla en la sala de operaciones ha sido una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer jamás. Evité nuevamente dar muchas declaraciones sobre tu estado a la familia, para correr hacia las escaleras y nuevamente bajar a la sala de operaciones, al menos hasta la puerta de entrada de la misma para saber cómo estaba mamá. Al llegar ahí, y tras tocar un timbre por unos minutos, me indicaron que mamá ya estaba en recuperación. Que estaba bien, y que en aproximadamente 2-3 horas subiría a su habitación, donde se encontraría contigo.

Mamá estaba bien, y tú estabas bien. Eran las 3:30pm aproximadamente y al subir por las escaleras nuevamente, me detuve en el descanso. El agotamiento me había alcanzado por un minuto, y la certeza de que había cumplido con ambas llenó mis ojos de lágrimas. Lloré tranquilo, en silencio por un minuto, de felicidad, de cansancio, de emoción. Me recompuse, y llegué al 5to piso nuevamente, donde toda la familia esperaba escuchar mi relato sobre tu nacimiento, ver algunas fotos y conocer los detalles de tu llegada, así como saber el estado de mamá.

Pasadas las 6pm mamá llegó a la habitación, sin poder hablar ya que parte de su recuperación dependía de ello. De lo contrario al día siguiente podía sufrir intensos dolores productos del aire que podría ingerir al hablar. Y así, con mami en silencio, y con la familia esperándote, llegaste a la habitación, donde pude verte por tercera vez, y por primera vez en brazos del amor de mi vida. Así mamá e hija se abrazaron por primera vez, convirtiéndome en el testigo más enamorado de el inicio de nuestra nueva vida.

Así llegaste Valentina, esperada como nadie y adorada como pocos, a este mundo, para hacer de papá y mamá los más felices padres. Y llegaste a tiempo, bajo tus términos y condiciones, tal y como manejarás el resto de tus días.

Te amo,

Papá

P.D: Cuando llegamos a casa, encontramos una súper sopresa de nuestros amigos de Huggies. ¿Puedes creer lo suertuda que eres?

Bienvenida Valentina! Al fin llegaste!!!

Hola hermosa bebé! Hola hija! Hola pedacito de bola de arroz con patas! Preciosura envuelta como tamal! Llegaste! Estás aquí! A mi lado, a mi alcance.

Llegaste el día de ayer, a las 2:22pm según mi reloj, y 2:20pm según el de la clínica. Pero yo jamás olvidaré el 2-2-2. Llegaste al mundo un 14 de setiembre. Eres Virgo. Eres PRECIOSA.

No tengo mucho tiempo para escribir en este momento, así que actualizaré este post más tarde durante el día, pero estoy súper feliz, súper emocionado y admirado a más no poder por tu mami. Es una trome!

Te escribo luego, voy a darte besos primero.

Papá.

 

Semana 40, aquí vamos

Hola maravillosa. Entramos ya a la última semana del embarazo. Tengo que confesarte que si bien nos hemos preparado a lo largo de estas 40 semanas para recibirte, tanto mamá como papá nos encontramos algo nerviosos por tu llegada.

Sinceramente pensamos que (como nos habían dicho tantas veces) ibas a adelantarte, y llegar en la semana 38 o 39… pero no. Has llegado a tu semana 40. Correctita, totalmente bajo cronograma, sin apuros, sobresaltos ni angustias. Sólo manteniendo a papá con los pelos de punta con cada quejido de mamá.

Tengo que confesarte también que parte de nuestros nervios y de la angustia que compartimos es producto también de las constantes llamadas que recibe Mami, preguntándole “Ya?!”. Yo no tengo mayor problema en contestar, pero mami, quien ya ostenta una panza digna de toda tu presencia a término, está un poco cansada de repetir “todavía…”. ¿Qué te puedo decir? Mami te quiere ya en sus brazos.

Estos últimos días que tenemos contigo en la panza hemos estado cayendo en una serie de conductas también un poco raras.  A sabiendas que ya estamos listos para ti, hemos re-re-revisado todas las cositas que te esperan. Y así, hemos empezado a encontrar errores en nuestros cálculos. Que tenías muchas cositas para arriba, pero no pantalones para los primeros 3 meses, que tienes bastante ropa de recién nacida, que probablemente usarás por un par de semanas… que como estás llegando a término, seguro pesarás más de lo que anticipábamos, así que puede ser que algunas cosas no te queden, etc. Esto no tiene nada de raro en comparación con las otras cosas que hemos estado pensando… como que de pronto no llegas todavía porque no hemos puesto esos 3 cuadritos que faltan colocar en tu habitación. O que estás esperando a que la abuela termine de bordar las sábanas que te está regalando. O que esperas a que llegue tu silla de comer de viaje (ahí sí te fundiste, porque el tío Hugo no llega hasta dentro de un par de semanas!). ¿Qué estarás esperando, pequeña maravilla? Papi ya quiere conocerte.

¿Sabías que hoy es el aniversario de tus papis? Hace un año, el día de hoy, papá y mamá se juraron amor por siempre en el altar.

Fue una ceremonia preciosa, y mami estaba más linda que nunca. Esa noche celebramos nuestra relación, y lo felices que seríamos. Hoy día, a un año de haberme casado con mami, estoy tan nervioso como ese primer día de casado. Y sólo nervioso porque sé que  seré inmensamente feliz por el resto de mis días, y porque quiero que comiencen lo más pronto posible.

Porque tú eres el resultado del inmenso amor de mamá y papá.

Tú eres el resultado de nuestra ecuación. El producto de que mamá y papá quieran pasar el resto de su vida juntos, y de que ambos sepamos que de nuestro amor puede crecer una persona buena en este mundo.

Así que ven, pequeña humita de queso. Aparece ya en brazos de tus papis. Que mami ya te cargó por 9 meses, y papi se muere por verte.

Ayer mami me enseñó cómo ponerte medias correctamente, de manera que no se enrrollen y se te salgan con cualquier pataleta o sacudida de pies.

Ves? Ya estoy listo!
Puedes llegar tranquila. Las medias no se te caerán.

Papá.

La vida de acuerdo a mis fotos II

Hola pequeña Valentina, hace días que tengo ganas de escribir este post, y la verdad es que para variar el tiempo me ha estado mordiendo los talones.

Recuerdas que te conté que te había comprado tus primeros aretitos? Pues aquí están. Le hice un pequeño “blur” al nombre de la joyería, porque pues este blog no es auspiciado por nadie, así que no vamos a ir por la vida haciéndo cherrys gratuitos. Espero que cuando leas esto todavía tengas tus pequeños aretes. Estoy seguro que no serán los últimos, pero para mi ha sido muy especial poder regalarte los primeros, toda la experiencia fue muy divertida porque hasta las señoras que vinieron a la oficina a vendérmelos se quedaron más de la cuenta escuchándome hablar sobre mi bebé. Una locura. Dicen que eres muy afortunada. Yo modestamente, les creo.

La semana pasada arrancamos la maratón por dejar tu cuarto listo. Los muebles de tu cuarto ya se enviaron a restaurar hace 2 semanas y nos los deberían entregar la semana que viene, así que me encargué de colocar algunas cositas, así como de vestir la cuna que te regalaron tu Opa & Oma con este juego llamado “Pío Pío”.

Tienes que entender que para papá es sumamente entretenido esto de comprar cosas para bebés, porque está alimentando su vocabulario con un sinnúmero de palabras especiales, tanto en español como en inglés, pero fuera de eso, puedes imaginarte a papá pidiéndole seriamente a la vendedora que le especifique las diferencias sustanciales entre el set Pío Pío y el Hada Madrina.

Fuera de bromas, nunca pensé que podrían haber tantas distinciones, ni que existieran tantas opciones que abaratan o encarecen las cosas. Dicho esto, tengo que mencionar que todo lo que posees en esta etapa de tu vida o es 100% algodón, o hiper hipo alergénico, o es biodegradable, o está hecho de Panda. Agradécele al temor de papá de comprar algo que te saque ronchas en algún momento. Eso sí, al año de edad te compramos una mascota, para que crezcas bien acompañada de un animalito que ayude también a reforzar tu sistema inmunológico, y para que con el tiempo puedas (como lo hacíamos todos los adultos cuando fuimos niños) tomar agua de la mangera o del caño sin morir en el intento.

La pintada y decoración de tu cuarto sí es otro cantar hijita linda. Aquí sí tuvimos que chambear duro y parejo. No te pongo fotos de la referencia que utilizamos para inspirarnos en la decoración, porque si no sale igual, tendrás evidencia sobre la cual increparnos. Sin embargo puedo decirte que el proceso ha sido una locura. Principalmente porque uno lleva una muestra a la tienda donde hacen el matizado para darte el color exacto que solicitaste y al pintar la pared te das cuenta que no es así.

Piensas inocentemente (y tu abuelo puede confirmar que no nos falta experiencia pintando paredes) que de pronto el color cambiará cuando seque la pintura y así obtendrás la tonalidad que esperabas inicialmente. Lamentablemente no fue el caso. Y no es que tengamos algo en contra de que tu cuarto sea rosa, pero la decoración planificada inicialmente para tu cuarto no incluye rosa en esta etapa. Si a esto le sumas que sabemos que en algún momento de tu vida entrarás en tu “etapa rosada” donde querrás que absolutamente todo sea rosado, puedes entender que no quisimos apresurarnos por pintar todo de ese color desde el primer momento.

Así que fuimos por la corrección de pintura, en plena fiestas patrias, con todo lo que implicó. Ir nuevamente a la tienda, volver a solicitar el matizado, escrutinar profundamente el trabajo de matizado del encargado de la sección de pinturas hasta lograr que nos entregue pintura del color de la muestra, y regresar a casa donde nos esperaba otra jornada de pintura. Tras confirmar que el color seleccionado era en primer lugar el que realmente requeríamos, y asegurándonos que el color no cambiaría por tener un fondo rosado, procedimos a pintar el resto de la habitación.

Conseguido el color buscado para tu habitación (mamá le dice Capuccino, yo le digo marrón claro – y la directora de arte de la agencia le dice “Camello”) ya pudimos proceder a instalar la lámpara que escogimos esa misma mañana para tu cuarto.

Tengo que confesarte pequeña nariz de tulipán bebé, que trabajar manualmente en tu habitación, en instalar las cosas, en pintar las paredes, en restaurar los muebles, nos hace a mamá y a mi muy felices. Sentimos que somos no sólo partícipes de tu llegada, pero artífices del nido al que te traemos. Y es que sería también lindo ir a una tienda de decoración a comprarlo todo y armar el cuarto como los que tienen exhibidos: “Señorita, me lo llevo todo!”. Pero por otro lado, económicamente no es nada fácil hacerlo, y también creo que pierde mucho el encanto sin el toque familiar y personal que cada uno de nosotros puede aportar (para bien o mal). Así cuando rayes esas paredes con crayolas, sabrás que estarás rayando la obra de Papá.

Esta es la lámpara que escogimos para tu cuarto. Me imagino que las cosas pueden llegar a parecerte muy raras viéndolas así, por etapas, pero estoy seguro que cuando las veas en conjunto te llevarás una buena impresión (o yo personalmente diré: “¡Qué hemos hecho!”).

Cuando fuimos a algunas tiendas de decoración para bebés vimos algunas lámparas bonitas, con algunos diseños infantiles interesantes, pero no sentimos que capturaban nuestra personalidad finalmente. ¿Será que tenemos en la cabeza que también tendrás una personalidad muy definida, y que para nosotros realmente eres la Princesa Valentina? Porque eso es lo que queremos plasmar en tu habitación. Queremos que sientas que eres una pequeña princesa, que llegas a un mundo donde cada detalle ha sido pensado para ti. Y que puedas crecer sabiendo que nada de lo que te rodea ha sido dejado al azar, o “empaquetado”. Porque esa es también una forma de saber que papá y mamá realmente te esperaron con el corazón totalmente abierto. Naturalmente no tengo nada en contra de quienes compran las cosas hechas, o contratan decoradores, o llenan los dormitorios de princesas. Simplemente nuestra decisión fue hacerlo nosotros, con todos los aciertos y errores que eso implica. Cosas del Orinoco.

El fin de semana también decidimos relajarnos un ratito e ir a Wong a comprar algunas cosas de comer, y nos encontramos con una oferta bastante interesante de juguetes y demás cosas para niños. No pude contenerme y me llené de libros de cuentos infantiles. Sospecho que me inventaré la mitad de los cuentos que te leeré por las noches, pero la verdad es que me he vuelto adicto a la literatura infantil, y se me ha metido a la cabeza el que tengas una pequeña biblioteca de cuentos. ¿No te parecería increíble? Desde ya ando buscando algunos libros especiales, así que como no tengo mucha idea, quizá pueda recurrir a las mamis y papis que nos leen para que me sugieran libros infantiles espectaculares. ¿Crees que sea una buena idea que te lea cuentos en más de un idioma?

Hoy en la mañana abrí uno de los cajones de mi mesa de noche y encontré guardada la tarjeta que te escribió tu Opa cuando te trajo tu primer vestido de París. Me pareció tan tierna, y tan importante que decidí tomarle una foto, porque no quiero que se pierda nunca, porque finalmente se trata de una pieza de papel, y uno no sabe las vueltas que da la vida. De esta forma me aseguro que no se pierda, y que puedas llegar a leerla al menos cuando leas esto.

¡Me pareció tan genial que tu abuelo te escriba directamente, como lo hago yo! ¿De tal palo tal astilla? Lamentablemente no tengo una foto del vestido, el cual recién podrás usar cuando tengas 2 añitos, pero ya se la tomaré y la colgaré para que quede también constancia fotográfica.

Y esa ha sido nuestra vida de acuerdo a mis fotos en los últimos días, pequeño camarón. ¿Te das cuenta que casi todo nuestro tiempo gira en torno a ti, a esperarte, y a prepararnos para recibirte de la mejor forma?

Faltan pocos días para que vengas, y cambies totalmente nuestras vidas. Es increíble saber que las cosas más hermosas tienen cuenta regresiva.

Te espero!

Papá.