Síndrome de Padre Inventor

Hola pequeño camarón con cola. Hoy quiero confesar algo, porque la verdad es que no tengo idea si es que cuando leas esto habré logrado algunas de las cosas que tengo en mente.

Responsabilizo de mis actos en parte a nuestra naturaleza paternal en general, producto quizá de la oxitocina (llamada hormona de la paternidad, y según algunos responsable de la personalidad amorosa y protectora) y en parte culpo a la infinita curiosidad de tu padre (a su vez incentivada y contagiada por tu abuelo). Finalmente culpo al genial grupo de amigos que tengo, cada uno talentoso en su arte y con una genial perspectiva del mundo, que siempre me permite descubrir nuevas formas de pensar, de emocionarme y de entender el mundo que me rodea.

Hecho el disclaimer de responsabilidades, confieso abiertamente que tu llegada a mi vida ha hecho renacer en tu padre la necesidad de crear cosas nuevas. La simple idea de que llegues a mi vida me ha envuelto en una psicótica búsqueda de maneras para mejorar el pequeño mundo al que llegarás. Así, ningún libro de cuentos es lo suficientemente bueno, ningún juguete es lo suficientemente divertido, ningún móvil enteramente creativo, ningún método para aprender música lo suficientemente didáctico… y así sucesivamente. Por lo que he decidido crear todo eso para ti. No sé si lo logre. No sé si mire lo que hice y resuelva en que la versión comercial adquirible en Amazon es mejor que la mía. Pero tengo que hacer el intento.

Sospecho que tarde o temprano la vida intentará agotar a papá y dejar que las cosas tomen su curso, pero creo también que tu llegada al mundo trae como pan bajo el brazo mucha energía, mucha inspiración y todas las ganas de hacer las cosas.

Así, me encuentro en un momento en el que quiero componerte canciones de cuna, donde siento que Barney es un tetelemeque, y que Miss Rossi no sabe de lo que está hablando, y que The Sweet Little Band (aunque toquen versiones de Pearl Jam y Pink Floyd para bebés) tiene la gran carencia de la voz de tu papá. Porque al final del día creo que lo que más quiero es que siempre tengas cerca mi voz. Sé que de lunes a viernes tendré que estar fuera, y que me verás por horas… de noche, casi como un sueño. Quiero dejar partes mías a tu lado todo el día.

Siento que ningún cuento infantil va a poder darte el compás moral que podrían darte las historias de papá. Y naturalmente en todo este proceso, todos mis sentimientos no son certezas racionales, es puro egoísmo emocional. Así quiero aprender a tocar piano contigo, quiero cantar contigo, quiero ser el que se pare a aplaudirte en tu primer recital de Ballet. Quiero que sepas que trabajo hoy para poder estar la mayor parte del tiempo contigo en los momentos importantes. Esa es la promesa que me he hecho a mi. Porque tú eres el regalo más grande que me da la vida.

Quiero estar en la mesa más cercana al escenario si es que alguna noche tocas en La Noche de Barranco con tu banda de adolescentes que sueñan ser estrellas de rock, y quiero que sepas de memoria la moraleja de algún cuento de papá, y que se la repitas a algún amigo, aunque él no entienda de dónde sacaste ese mamotreto de cuento.

Quiero que estés orgullosa de mi, porque quiero hacer de tu mundo un mundo mejor. He aprendido con el tiempo que quizá hacer cambios en el mundo es un objetivo demasiado ambicioso para mi, pero que quizá hacer de tu mundo y el de mamá, la mejor versión que pueda, puede ser la mayor contribución que le haga al mundo. Al mismo tiempo, quiero pedirte disculpas si no nos conformamos inicialmente con Miss Rossi, los teletubbys, la caperucita roja y demás, pero hay que hacer el intento.

Te amo pequeñita.

Papá.