Creces, cambias, aprendes, imitas, creces.

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Desde antes de que nazcas compré una silla para comer. Compré la silla porque el libro que más consultaba durante la época me indicaba que a los 6 meses ibas a estar lista para probar tus primeras papillas. Así que la compré. No era padre aún, pero era comprador. Escogí, seleccioné, transaccioné, esperé, recogí y me traje la silla incluso del extranjero. Mentira, te la trajeron un par de amigos que viajaron a USA (tu tío Huguito para ser exacto) mientras en la alojó en su casa tu tío Marchena.

Desde antes de nacer, y hasta 6 meses después, no tuve idea de cómo sería verte comer. Siempre imaginé que sería una tarea tierna, pero nunca tuve realmente una idea real del trabajo que a veces podría significar.

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Hubieron días en los que la alimentación fue brillante. Te encantó la papilla, te fascinó el color, te morías de hambre y te comiste todo lo que había en el plato. Y hubieron días en los que no, ninguna de las variables estuvo ahí para hacer de la experiencia algo placentero. El resultado, comida en tu pelo, en mi pelo, en el plato, la mesa, el piso y a veces el techo.

Y me encantó verte aprender a disfrutar cada uno de los sabores. Incluso verte desaprobar aquellos que simplemente no congeniaban contigo. Verte tirar todo al suelo, limpiar todas las manchas de comida (pensando en que las imposibles manchas que aparecen en los comerciales de detergentes debían ser causadas por niñas como tú), y saber que crecías. Crecías y comías, comías y crecías. Un invariable círculo virtuoso que sólo me hacía sonreír en cada visita al pediatra mientras me indicaba que estás en el límite superior de la curva de crecimiento. Verte comer me hacían recordar a veces experiencias como esta lluvia de comida!

Jane Goodall decía que el ser humano es el único ser con el don de la comunicación superior, y que como tal, encuentra una enorme ventaja frente a todas las demás especies al poder comunicarse a través del lenguaje, pues este permite que se transmita conocimiento a través de imágenes e ideas. Que no hace falta que las experiencias sucedan para lograr el aprendizaje, basta con contarlas. Es muy interesante que una “primatóloga” como Jane pueda haber concluido algo tan razonable, y que al mismo tiempo yo pueda verte aprender de manera tan intuitiva a comer. Porque es obvio que todavía no dominas una comunicación verbal fluida, pero tu capacidad de aprender cada día es impresionante. Primero con tus manos en tu propia silla…

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Y luego quejándote amargamente si no almorzábamos todos al mismo tiempo frente a ti. Pues no querías comer sin los demás. Querías ser parte del grupo. Querías mirarnos comer, y no querías comer algo distinto. No más papillas, querías comer de la olla. Del plato. De mi plato! Incluso, querías dejar de comer con las manos. Querías comer con cubiertos!

Tengo que confesar que tuve un poco de miedo al principio. Verte comer y embarrar todo al inicio era delicioso, y durante un tiempo pensé, “cómo vamos a hacer para que Valentina aprenda a comer con cubiertos?”… “mi mamá me va a matar si Valentina no aprende a comer con cubiertos!”. No tuve más que esperar que desees imitarnos en la mesa. Y no tuve que esperar mucho.

IMG_2949 IMG_2293 IMG_3501 IMG_3353Más allá de lo mucho que me fascina la capacidad ambidiestra que tienes para manejar los cubiertos (hace unos días estuviste en la clínica con suero en tu manito derecha, y te dedicaste a tomar agua en una cucharita usando tu mano izquierda con la más notable habilidad), me fascina verte crecer.

Aprendes y creces cada día. Hoy, pides cremas para ponerte en las piernas, como mamá lo hace. Pides que te pongan desodorante (y hacemos el gesto) porque ves que lo hacemos. Te cepillas los dientes con nosotros y lo haces solita. Nos imitas en cada uno de nuestros gestos, y ese efecto espejo me maravilla tanto, como recorrer mi álbum de fotos y darme cuenta que poco a poco dejas de ser esa bebita hermosa, esa pequeña Baby V para convertirte en Little Miss V. Una pequeña princesa. valentinalentes¿En qué momento pasó el tiempo? En qué momento dejaste las papillas para empezar a robarte mi canchita?

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En qué momento este año y 6 meses se convirtieron en una declaración de independencia, donde me miras, sonríes, me dices “Tau tau papá”, agarras las llaves de la puerta y haces el ademán de irte? Creces demasiado rápido mi amor. Y yo no soy capaz todavía de sobrellevarlo con gracia.

Para mi, incluso ahora que (para la felicidad imagino de Jane Goodall) tenemos pequeñas conversaciones verbales (que principalmente implican órdenes tuyas como “mi tete!!!”), seguirás siendo por un buen tiempo todavía la pequeña que adorna el fondo de pantalla de mi celular. Esa pequeña cara de loca embarrada. Esa obra de arte que puedo llamar “princesa”.

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No crezcas tan rápido, ya? Te lo ruego.

Te amo.

Papá.

 

 

Cómo creces!

InviernoAsí amaneció este sábado pasado. Y tú, que nos llamas desde tu cuna cada día a las 6 de la mañana, no querías más que estar en mis brazos. Es una locura traerte a esa hora a la cama para que puedas desayunar, pues ya no eres esa pequeña bebé que se queda tranquila echada entre los dos. Ahora tienes que estar en movimiento. Tienes que trepar, tienes que tirarte encima mío, jalarme el pelo e intentar gatear. Ahora quieres conocer el mundo por tu propia cuenta. Y si es posible chuparlo, babearlo y morderlo.

Valentina y mamá en el clubY por lo mismo, necesitas salir de casa, encontrarte con tus abuelos, con tus tíos, disfrutar de los últimos rayos que el sol nos regala con tan poca frecuencia estos días, y hacer feliz a todos los que te rodean. Creo que lo sientes como misión. Creo que te das cuenta que tu sonrisa ilumina más que el rostro de tu papá.

Ahora que ya eres una bebé grande, hemos tenido que bajar de nivel el pack-n-play, y empezar a usarlo como “corralito” para que puedas estar cómoda jugando al nivel del suelo, pero con la seguridad de que no te treparas al borde ni te tirarás al suelo. Cosa que más de una vez hemos visto que intentas. Es que crees que puedes volar, amor, pero a veces se te acaba el polvo de hadas, y quizás te puedas ir de trompa contra el piso. Eso es algo que vamos a evitar a toda costa.

Valentina en el pack n playAunque te comento que no te gusta mucho la idea de un “corralito”, y te confieso que a mi tampoco. Sé que es por tu seguridad, pero me divierto mucho más cuando estás feliz, jugando sobre el sofá, conmigo al lado para cuidarte y asegurarme que estarás segura. Porque después de todo, el mundo no es un corral, y siempre podrás contar con los brazos de papá. Creo que esa es la lección que quisiera que aprendas.

Valentina jugandoY tienes que saber que aunque se te acabe el polvo de hadas, siempre tendrás los brazos de mamá, que son la mejor alternativa para volar. Como los míos para aterrizar.

Vane cargando a ValentinaEntre los bloopers de la paternidad que van aflorando con tu crecimiento tengo que resaltar dos comportamientos bastante especiales: La necesidad de morderlo todo, y la necesidad de “apropiarte” de las cosas.

Cuando me refiero a morderlo todo… me refiero a todo:Valentina probando iPhone

Aunque empiezas probándolo todo de a pocos, fue inevitable que le claves bien el diente a mi iPhone (o los 6 dientes que ya adornan tu pirañezca sonrisa):Valentina comiéndose el iPhone

Pero te confieso que me he reído tanto de tu cara mientras mordías el iPhone, y sobre todo de la felicidad con la que experimentas y juegas con él. Ya me dijo una vez tu tío Diego: Un iPad es mejor que una nana. Y me doy cuenta que la música, los colores, la luz, el hecho de que sea táctil, te llama tanto la atención! Quizás termine comprándote uno después de todo, pero será más adelante. Hoy por hoy existen mordedores más económicos. 🙂

Cuando me refiero a que te gusta la idea de apropiarte de las cosas (aunque todavía no tengas un hermanito con quien compartir), me refiero a escenas como estas:

Valentina empuja a SerendipityEn las que no sólo te empeñas por abarcar todo mi espacio, pero donde aparentemente estás empujando a mamá para adueñarte de toda la cama. Déjame explicarte algo delicadamente pequeña pitufa orate: Eres muy pequeña para toda la cama!

valentina comiendoCada día estás comiendo mejor, con mayor entusiasmo y mayor facilidad para papá y mamá. Sin embargo has dejado clarísimo que identificas los sabores con mucha facilidad, y que a esa trompa no entra algo que no te guste. ¿Por qué será que los salados no te gustan mucho, pero devoras los dulces? Entre tus favoritas están la papaya, el melocotón, la pera y la manzana, además del plátano, el cual ya muerdes con tus propios dientecitos! Qué manera de crecer!

Valentina come mediasAhora, me vuelves a explicar qué placer encuentras en jalar tus medias y comértelas?

Te amo, piringocha loca!

Papá.