21 días para cambiar el mundo: Día 3. Reduciendo la contaminación verbal

Valentina jugando en el túnel

Hola princesa Valentinopla!

El mundo es ancho y ajeno, y tú todavía pareces no comprenderlo de ese modo. Para ti, para tu generación, todo será más rápido, inmediato, las distancias serán siempre relativas. Hablas con tus abuelos que están en Chile como si estuvieran aquí, y es normal. Viajas a Urubamba en cuestión de un par de horas, y es normal. Vives como si el mundo fuera tu campo de juegos, y eso es brillante. Porque lo es. Y aprendes, aprendes, aprendes. Imitas nuestros gestos, nuestras acciones, me doy la vuelta para traer tu toalla antes de bañarte y te encuentro en tus huggies y trepada a  los zapatos de mamá. Valetina Huggies en tacosY morimos de risa, porque eres una lora, aprendes nuevas palabras cada día, articulas frases y tenemos conversaciones cada vez más largas. Te amamos por eso. Y lo celebramos.

Pero también nos reímos cuando de rato en rato imitas alguna palabrota. Porque es divertido escuchar una palabra mal pronunciada salir de esa boquita que no tiene idea de lo que está diciendo. Y sólo tras reír nos detenemos a pensar en las consecuencias de que seamos tus modelos a seguir. Nos olvidamos por instantes que somos tu ejemplo de vida.

Mientras estuvimos de vacaciones en Urubamba, un chico nos dijo “No extraño Lima. Es una ciudad muy violenta. Todo es violento. Desde el tráfico, hasta la gente.” Y me quedé con esa frase grabada en la mente, porque hasta cierto punto, siempre tuve esa percepción. Habitamos una ciudad cada vez más grande, con más automóviles, más competitiva, donde todo es una lucha y cada uno vela por si mismo. No tenemos una identidad de ciudad más que de criollos, de vivos, y de creativos (eso sí). Pero creo que pocos pueden decir que Lima es una ciudad amistosa. Quizás sea mi percepción, pero al menos eso creo.

Y siento que parte esa violencia se manifiesta casi de manera automática en la forma en la que hablamos. De nuestras bocas brotan palabrotas y lisuras con una facilidad con la que ya quisiera que salgan elogios y piropos. Somos víctimas del habla popular, de “tener calle”, de no ser “lornas” y de que nadie nos agarre de vivos. Así que exhibimos nuestro florido verbo, cada vez con mayor naturalidad. Cuando no es natural. No es bueno, no es bonito y por último, no nos hace ser más o menos lornas, tener más o menos calle, o ser más o menos vivos. Simplemente nos hace procaces.

Y si bien no puedo protegerte de esa clase de violencia verbal fuera de casa, puedo darte un buen ejemplo, y hacerlo dentro de casa. En nuestra familia. Porque yo recuerdo que en casa ninguno de mis papás me dió un ejemplo de “verbo florido”, y fue en el colegio, la universidad, la vida, que descubrí mi nuevo “vocabulario”. Sin embargo siempre supe que estaba mal, que no era adecuado. Hoy, quiero que crezcas imitando algo positivo, y cultivando la conciencia de lo que está bien y está mal. Porque las palabras afectan de forma positiva o negativa el mundo en el que vives, y así como sembramos arbolitos para luchar contra la contaminación ambiental, podemos hacer algo contra la contaminación verbal.

Jarro Press Forward Jarro Pressforward #escogevidrioHace un tiempo, una amiga de mamá (tu tía Jessica)  nos regaló un frasco de vidrio llamado “Press Forward”, lleno de papelitos. La idea de este frasco es darte un impulso cada día, o cuando lo necesites, para seguir adelante. Cuando el mundo no tenga mucho sentido, o cuando haga falta una dosis de inspiración: Press Forward. Por ejemplo:

Frase Press ForwardEste frasco me pareció siempre una idea brillante, y una herramienta linda para encontrar una pequeña dosis de inspiración. Así que mientras pensaba en qué hacer para ayudarnos a corregir nuestro vocabulario, se me vino esta mecánica a la mente.

Porque naturalmente pensé primero en lo que los amigos norteamericanos llaman un “Swear Jar” o Frasco de Palabrotas, en el que metes una cantidad de dinero cada vez que sueltas una lisura. Pero mientras más pensaba en él, mientras más lo visualizaba lleno, menos me convencía. Porque tener un jarrón de vidrio lleno de dinero no me parecía la representación adecuada de algo que está mal. Todo lo contrario. Te imaginaba diciendo “Papá! Hay 200 soles aquí, vamos a comer!” cuando todo ese dinero acumulado sería fruto de soltar ajos y cebollas por un periodo de tiempo.

No. No me convencía. Así que cuando recordé Press Forward, se me ocurrió utilizar la misma mecánica. Y crear un Frasco de Palabrotas lleno de cosas positivas. Lleno de pequeñas tareas positivas para corregir, a modo de incentivo-penalidad, nuestro vocabulario. Así, cada vez que uno de nosotros sienta que ha utilizado una palabra indebida, puede tomar un papel, y cumplir la pena, haciendo algo positivo. Es una forma de ver que si el frasco se vacía, se hará haciendo siempre algo positivo, y si no llegamos a vaciarlo, pues mejor! Ganamos en ambos casos, y así nivelamos y balanceamos nuestro “karma” verbal.

Así que me puse manos a la obra. Escribí algunas penalidades que me parecían positivas, algunas relacionadas al lenguaje, otras a acciones que creo importantes en casa, y me las imprimí en algunas hojas de papel. Jarra de Palabrotas Paso 1 Creo que cada papá que quiera hacer algo similar puede imprimir sus propias penalidades. No hay pierde!

Luego escogí un frasco de vidrio (nunca plástico, #escogevidrio es la consigna familiar!), y fui doblando uno a uno cada papelito. No te mentiré princesa, me tomó un par de horas llenarlo, pero lo hice. Y te confieso que fue una actividad de domingo bastante relajante. Me sentí en paz haciéndolo.

Jarro de Palabrotas paso 2 #escogevidrioFinalmente, tapé nuestro Frasco de Palabrotas y escribí las instrucciones del mismo en la tapa, y le puse un pequeño lazo para que sea vea más bonito.

IMG_1141 Jarro de palabrotas #escogevidrioTraté de escribir con mi mejor letra, pero sabes que mi caligrafía no es la mejor. Estoy seguro que la tuya será preciosa, princesa panetonera!

Finalmente, dejé el frasco en la sala, al lado de nuestro frasco de Press Forward. Me parece algo intrigante que quizás llame la atención de las personas que nos visitan. Quizás nos pregunten un poco más sobre eso. De pronto si alguien más se anima a hacerlo, estaremos contribuyendo a disminuir la polución verbal en más hogares que en el nuestro. Eso sería un éxito, no pequeña loca?

Jarros #escogevidrio

Te amo tanto princesa, que no se me ocurre algo que no haría por ti. Este es el 3er día para cambiar el mundo de nuestro plan de 21 días. Y te juro, siendo sólo el principio, que me siento muy feliz de que estemos haciendo algo de forma activa para tratar de darte un hogar más feliz, y como consecuencia, un mundo mejor. Me siento renovado, me siento inspirado, y me siento enamorado de ustedes. De mis dos chicas. De la familia que tenemos, y del futuro que estamos construyendo juntos.

Mientras tanto pequeña ratona loca, sigue comiendo tu panetoncito tranquila.

Te amamos, y morimos de risa cuando te despiertas y pides tu vestido de princesa Sofía. Valentina Disfraz Princesa Sofía

 

 

 

 

 

 

 

21 días para cambiar el mundo: Día 2. El mundo necesita más verde

Valentina Tambo del Inka

Pequeña ratona silvestre! El día de hoy nos encontramos de viaje, en Urubamba – Cusco,  visitando a tus primos, a tu tía Rox y a tu tío Rene.

Aprovechando que nos encontramos en el campo, respirando aire puro y disfrutando de desintoxicarnos un poco del stress de vivir en la ciudad, de no tener que lidiar con mayor tráfico que el de algunas vacas cruzando la carretera y de gozar de comer rico y sano, se nos ocurrió una idea para nuestro 2ndo día para cambiar el mundo. Sembremos árboles!

Vivimos en Lima, una ciudad cuyo clima nos regala 9 meses de cielo gris, y un verano muy caluroso. Una ciudad donde cada vez es más difícil encontrar parques y donde nuevos edificios te sorprenden en cada cuadra. Una ciudad que definitivamente se beneficiaría de tener un arbolito más de vez en cuando. Para purificar el aire, para llenarla vista de verde, para que algún niño pueda trepar por sus ramas y jugar. Y aunque no estemos en Lima, el acto simbólico de sembrar un árbol es algo que todos podemos emular para tratar de cambiar el mundo. Ya en la capital, lo haremos otra vez.

Partimos a mediodía con tus tíos y tus primos rumbo a un santuario animal para que conozcas distintos animales protegidos, y para hacer un rico picnic fuera del pueblo. Tu tía Rox se lució con su ensalada de fideos y llevamos algo de tomar y de picotear para el camino, además para festejar que estábamos juntos después de un buen tiempo. Recuerda, la comida y la bebida siempre es más rica si uno #escogevidrio siempre que puede 🙂 Picnic Escoge VidrioTras almorzar y jugar a que eres una princesa y cantar tu versión número 18,743 de “Libre soy” de Frozen, nos pusimos rumbo a buscar un lugar en el camino donde poder sembrar nuestros arbolitos, no sin antes jugar y disfrutar el uno del otro lo más que se puede. No sabes lo feliz que eres jugando con tus primos! Tus piernitas llenas de raspones son testigo de que eres una guerrera loca y feliz! Valentina Princesa Cusqueña

Valentina y PapáValentina y mamáEscogimos sembrar 3 arbolitos distintos. Que cada uno tenga un significado especial, o que represente algo para nosotros. Y naturalmente, como no tendríamos la oportunidad directa de cuidar de ellos de forma frecuente, tenían que ser 3 arbolitos que se integren con la naturaleza de forma orgánica, que no requieran mayor fuente de riego que la lluvia, y que puedan crecer sin llamar la atención, hasta que sean grandes!

Decidimos sembrar en primer lugar un Nogal. Un árbol grande y fuerte en el cual cualquier niño pueda trepar, que de una linda sombra y que represente la fortaleza de nuestra familia. Que como este arbolito es joven, pero sueña con ser grande, fuerte, y con crecer siempre mirando al sol.

En segundo lugar decidimos sembrar un árbol de Mora. Un arbolito que se llene de frutos que llenen de alegría a quienes pasen por ahí. Un arbolito que divierta, que alimente, que sea fuente de alegría. Como lo eres tú para nosotros.

FInalmente, decidimos sembrar un árbol conocido como Pisonay. Un árbol ya integrado con la zona, traído originalmente por los jesuitas. Algunos en el centro de Urubamba tienen más de 300 años, y son árboles orgullosos, frondosos, y llenos de historia. Un árbol que represente nuestro futuro.

3 arbolitos que podamos venir a visitar cada vez que vengamos a Urubamba, para recordar que siempre se puede hacer algo aunque sea simbólico para tratar de cambiar el mundo. 3 arbolitos que simbolicen nuestro compromiso como familia.

Encontramos un espacio cerca a la carretera que no invada ninguna propiedad privada, y dejando el espacio suficiente entre árbol y árbol, nos pusimos manos a la obra. Todos y cada uno de nosotros, desde tus primos hasta mamá.Haciendo el huecoSerendipity sembrando Nogal

Papá haciendo el hueco Papá y Valentina sembrando Valentina sembrando Valentina y mamá sembrandoPrincesa sembradora, ayer fue un día muy especial para nosotros. Pudimos entrar en mayor contacto con la naturaleza, y logramos dejar una pequeña huella de nuestro paso por ella, contribuyendo un poquito más a que nuestro mundo sea un poquito más verde.

Creo que esto es algo que podríamos hacer juntos a donde sea que vayamos. ¿Qué opinas? Estás dispuesta a sembrar un arbolito a cada lugar al que viajemos? En principio, nos queda la tarea de ahora hacerlo en casa.

Te amamos princesa, eres lo mejor de nosotros, y haces que tratemos de ser lo mejor que podemos ser, por y para ti.

Papá.

Papá, Mamá y Valentina

 

 

 

 

21 días para cambiar el mundo: Día 1. Tienes más de lo que necesitas.

Valentina Sonríe

Esta es mi carta número 100 a ti, princesa, y por ti quise empezar esta serie de 21 actos para cambiar el mundo. La idea partió de una acción creativa que desarrolló Nicko Nogués llamado “Humanity: 21 días de bondad” en la que emulando un programa de training físico llamado Insanity, él proponía 21 días consecutivos llenos de acciones de bondad. Quienes estén interesados pueden echarle un ojo al plan completo aquí.

Así, inspirado en los 21 actos de bondad de Nicko, se me ocurrió que nosotros como familia debíamos iniciar 21 actos para cambiar el mundo, partiendo por nosotros como familia. Porque nosotros somos nuestro mundo, y si cambiamos nosotros, quizás seremos capaces de cambiar el mundo que nos rodea.

De esta forma, me puse a pensar en la mejor manera de empezar. Y mientras daba vueltas por nuestro departamento, me puse a pensar en todo lo que nos rodeaba. Lo lindo, lo no tan lindo, lo que ya no encuentra espacio, lo viejo. Me puse a ordenar la cocina, el comedor, la sala, nuestro dormitorio… A poner las cosas en su lugar.Cocina ordenadaSe me ocurrió poner todo en orden, limpiar las cosas en la cocina y poner finalmente nuestras especias en los distintos frasquitos de vidrio que tenemos, que las conservan mucho mejor y más frescas (recuerda, #escogevidrio), y mientras me ponía manos a la obra, y en muchos casos tiraba a la basura muchas cosas de la despensa que ya se habían vencido, me sentí mal. Pomos de vidrio

 

Me sentí mal, porque había llegado a evidenciar que compramos más de lo que consumimos. Incluso si compramos para abastecer nuestra despensa. No hemos logrado un balance entre compras y consumo, y dejamos que muchas cosas se vuelvan inservibles para el consumo humano. Y eso me chocó. Porque fueron a parar a la basura, y ni siquiera tuvimos el tino de donarlas o regalárlas a alguien que pudises beneficiarse de ellas. Y simplemente ya no era posible. Me pregunte, ¿qué otras cosas de nuestro hogar estaban siendo desperdiciadas?

Con eso en mente, ingresé a mi armario, y me puse a revisar una por una cada una de las prendas que se encontraban ahí guardadas. Esos eternos polos que no uso desde hace 5 años. Ese buzo del colegio que guardo con nostalgia. Esa camisa que alguna vez me regalaron y jamás usé, ni usaré. Ropa que se encontraba ahí, “venciéndose”. Y recordé algo que hizo mamá el año pasado, cuando participó en un evento llamado “De trapos corazón” donde limpió toda su ropa y se quedó sólo con lo que ella usaba realmente, donando todo lo demás a una buena causa. Y me pareció sensato. Sensible. Urgente.

Así que me puse manos a la obra, y me dediqué por varias horas a revisar cada cosa, y editar el armario, tratando de ser lo más honesto conmigo posible: Si no he usado algo en el último año, es momento de donarlo.

Fui llenando mi cama de ropa y consecuentemente, vaciando mi ropero. En el piso yacían decenas de colgadores de plástico como recordatorios inertes y tóxicos de nuestra necesidad de acumular y acumular. De la inercia del consumo.

ColgadoresA medida que iba siendo más y más honesto conmigo mismo, sentía que me liberaba mi corazón de capas de peso acumulado. Me sentía cada vez más ligero. Decidí no dejar de evaluar ni una de todas las prendas que poseo. Desde la más nueva zapatilla hasta el último calcetín.

Pasé por los ternos que adquirí en mi época corporativa, los cuales ya ni me quedan al haber bajado 22 kilos de peso. Por jeans de todas las tallas y tipos. Por zapatillas que dejé de lado porque me encamoté con unas nuevas. Recorrí cada una de las corbatas, las bonitas, las feas, y lamenté conservar un número inaudito de correas de todo formato para pantalones que nunca usé.

Finalmente y tras unas horas de dedicación, mi clóset se redujo a sólo lo que uso de forma frecuente. Es decir, al menos 1 vez al mes. Incluido un nuevo terno, que me queda bien. Todo lo demás, al carro a ser donado.

Ropa a donar Ropa a donar Cosas a donar Camioneta llena de donaciones

Tienes más de lo que necesitas, princesa. Créelo. En casa, somos muy afortunados. Mamá trabaja duro, y papá se saca el ancho también. Así, tienes todo lo que necesitas, y más. Además, tienes el cariño de toda tu familia, que está lista para prodigarte amor y satisfacer cualquier necesidad o capricho tuyo. Y eso está bien. Eso es normal. Hasta cierto punto, claro está.

Crecerás, si Dios quiere, con el pleno conocimiento de que todo lo que tienes, costó. Que las cosas no se compran con dinero. Se compran con esfuerzo y tiempo. Que cada centavo, tiene un valor real en horas de dedicación. Que un jean, costó algunos días de trabajo. Que una nueva bici, más días de trabajo. Que nada es regalado. Todo tiene un precio.

Y crecerás también sabiendo que no todo el mundo tiene la suerte de que su tiempo y su dedicación sea recompensada del mismo modo. Algunos, mueren por dedicar su tiempo y esfuerzo por dinero, y no consiguen ese trabajo. Otros, fueron llevados por caminos de la vida en la que las oportunidades son cada vez menores.

Sin embargo, es nuestro deber no vivir en una burbuja, y ser conscientes de que el mundo que nos rodea es nuestro. Y que es nuestra responsabilidad tratar de hacer de él un mejor lugar. Esto significa ayudar al prójimo cuando podamos. Porque la pregunta nunca será, ¿por qué ayudar?. La pregunta siempre será ¿Por qué NO ayudar? ¿Por qué NO dar una mano? Nos tomará algunas horas intentar esta limpieza de todo aquello que acumulamos y no nos sirve. Y terminaremos cansados por fuera, pero felices por dentro. Te lo aseguro. Lo sé de primera mano.

Agotado

Empecemos a cambiar el mundo, princesa, cambiando un poco nosotros. Aprendamos de nuestros errores, identifiquemos las oportunidades, y logremos ser la familia que queremos ser. No hacen falta actos enormes. Basta con cambiar un poco nosotros.

Te amo. Soy un papá orgulloso y feliz, y si así empezamos las primeras 100 cartas, espero que cuando lleguemos a las 200, seamos mejores personas, mejores papás, y tú seas todo lo que puedas llegar a ser.

Papá. Valentina Tobogán

 

P.D: Gracias a todos los amigos por sus brillantes ideas de a dónde donar todo lo que recogimos de casa! La camioneta está llena y ya tiene destino. Mil gracias!

21 días para cambiar el mundo: Día 0

valentina lentes de sol

 

Princesa hermosa! Hoy es lunes, y como todos los lunes, tenemos la oportunidad de empezar algo nuevo. Este año, ha sido un gran año para nosotros. Un año de mucho trabajo, mucha inspiración, y sobre todo muchas oportunidades. Y desde hace un tiempo vengo pensando en un próximo proyecto para nosotros. Porque siento que le podemos escurrir todavía un poquito de vida a este 2014, y de paso iniciar el 2015 con muchísima energía y muchísima buena onda.

La semana pasada empecé a ver a unos niños en un restaurante con sus papás, y me causó algo de pena verlos tan pegados a sus celulares como a sus padres. Y luego de preguntarme ¿a qué edad se le da un celular a un niño?, me di cuenta que almorzaron cada uno a mucha prisa, como si tuvieran tanto que hacer (un domingo), como si la vida los apresurara de manera frenética. Mamá y papá bajaron sus teléfonos, se aseguraron que los hijos hayan almorzado algo, pagaron la cuenta y con las mismas dejaron el local. Con prisa, con el ceño fruncido, con stress. Todos. Incluso los niños que claramente querían seguir jugando en el celular.

Y algo me dice que será muy difícil escapar de ese momento cuando llegue. Porque no sé si tendrás un celular, o una pulsera electrónica, un reloj que te conecte con el mundo, o un arete cibernético donde recibas llamadas y mensajes. No lo sé. La tecnología avanza y avanza, y vivimos en un mundo cada vez más estresado y más rápido.

Así que me propuse algo. Me propuse cambiar el mundo. Y no empezar entonces, cuando quizás ya sea muy tarde para ti. Me propuse hacerlo ahora. Empezar hoy. Y hacerlo cada semana. Intentarlo al menos 1 día cada semana. Por 21 días, es decir, 21 semanas. Porque dicen que para adquirir un nuevo hábito hace falta repetirlo de forma consecutiva por 21 días. Y yo quiero adquirir el hábito de cambiar el mundo por ti, y contigo.

Eduardo Galeano solía decir: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. ¿Podremos cambiar el mundo juntos? No lo sé, pero esa no es excusa para no intentarlo.

Así que nuestro último proyecto del año será este:

21 días para cambiar el mundo

Valentina mordisco a mamá Valentina saca la lengua Valentina y mamá en Olive GardenEste año hemos re-descubierto que la familia es lo más importante del mundo. Que el tiempo juntos nunca es suficiente, que la diversión y la risa son las herramientas más importantes que tenemos para mantenernos unidos, y que el amor que nos tenemos debe siempre alimentarse con acciones, no sólo con palabras.

Este año he aprendido a cuidar mi salud, a “editar” lo que como, y así que podido bajar más de 20 kilos. He aprendido – principalmente de mamá –  que hacer deporte siempre que pueda te da más energía de la que te resta. Que el cuerpo es sólo un contenedor para el alma, pero que este contenedor tiene que estar en capacidad de corretearte, de bailar contigo, de cargar tus 16 kilos de pura sabrosura por horas, sin agotarse en extremo.

Porque es lo que más quiero en el mundo!

Veggie Pizza extracto verde mason jar Jose Simón Muck VillavicencioEste año hemos aprendido que es más sano escoger usar vidrio que llenarse de plásticos. Que los tuppers son un excelente almacenamiento, pero la comida sabe mejor si es almacenada en contenedores de vidrio. Que existe algo llamado #escogevidrio y que es una iniciativa súper bacán.

Que llenarnos de bolsas por todos lados puede parecer normal, pero no es ni lo más práctico, ni lo más saludable del mundo. Que nos hemos acostumbrado a celebrar la navidad con árboles de plástico.

Valentina mason jar

Este año estamos aprendiendo que vivimos en una ciudad en la que nunca caminamos. Ni para comprar el pan un domingo. Que vivimos subiéndonos y bajándonos de automóviles, cuando es tan rico estirar las piernas, y tratar de respirar aire limpio por las mañanas, más aun ahora que el sol ha empezado a asomarse por nuestro cielo.

Así que pondremos esos pequeños aprendizajes y algunos más en práctica. ¿Te parece, princesa?

Valentina bicicleta

 

Porque apenas tienes dos añitos y un mes y medio. Eres pequeña. Pero estás aprendiendo a vivir en el mundo de la forma en la que viven tus papás, porque vives a través nuestro. Así que antes de que llegues a la edad en la que el mundo te coma viva, en la que un celular dicte tu horario, tu destino o el stress se vuelva una brújula en tu día… antes de eso, quiero que aprendamos juntos a vivir.

¿Te parece bien, enana loca?

Valentina vestido matrimonio

Así que hoy, es nuestro día cero. El día en el que comenzamos este reto. El día en que decidimos que juntos, como familia, podemos hacer una pequeña diferencia. Y cada semana, te contaré sobre nuestro avance, por 21 días. Con suerte, y luego de ese tiempo, nos sentiremos orgullosos de haber logrado algo nuevo. Y con suerte, crecerás feliz en un mundo que se muere por hacernos trabajar sin dejarnos respirar, sin dejarnos jugar y sin permitirnos ver lo hermosa que es la vida si nos tomamos un respiro.

Te amo princesa! Y Alles Gute zum Geburtstag Onkel Moritz!

Valentina cumpleaños Moritz¿Cambiemos el mundo juntos, ya? No esperemos que alguien más lo haga por nosotros.
Te adoro!

Papá